lunes, 10 de agosto de 2026
Creta: quizás uno de nuestros últimos largos viajes de a tres - Kreta: Vielleicht eine unserer letzten langen Reisen zu dritt.
Como cada año, mi esposo es quien organiza nuestras vacaciones: las de invierno, Pascua, verano y otoño. Meses antes, con los días disponibles ya más o menos definidos, comienzan las consultas durante la cena y sus minuciosas pesquisas para descubrir cuál podría ser nuestro próximo destino.
Generalmente aparecen tres o cuatro propuestas, una mezcla entre su propia investigación y lo que va recogiendo de nuestros comentarios: algo que hemos leído, una conversación con amigas, alguna película que vimos juntos o simplemente un lugar que, por alguna razón, despertó nuestra curiosidad.
Este año, sin embargo, la búsqueda tuvo un ingrediente especial: nuestra hija. Ya nos había comunicado su deseo de viajar el próximo año con sus amigues. Es decir, esta podía ser una de nuestras últimas oportunidades de tenerla con nosotros durante 15 dias seguidos. Y eso le daba al viaje un significado distinto.
Combinamos entonces su deseo de mar y sol con mi amor por Grecia. Y así llegamos a Creta: playa, cultura, naturaleza y una extraordinaria riqueza gastronómica mediterránea.
Mi esposo organiza la estadía y, una vez en el lugar, vamos decidiendo las salidas y recorridos. Y debo decir que casi siempre acierta. Viajar también significa dejar espacio para lo inesperado, para lo que una necesita en determinado momento, incluso sin saberlo.
Me ocurrió, por ejemplo, en 2020, durante nuestro viaje a Croacia. Atravesaba un bajón emocional que ni siquiera lograba comprender del todo. Además del acompañamiento empático y cariñoso de cada día, llegó una sorpresa que todavía recuerdo: nuestra visita al Danubiana Meulensteen Art Museum, en Eslovaquia, muy cerca de Bratislava. Rodeado por las aguas del Danubio, aquel museo apareció ante mí como un oasis, como un poema lleno de luz y color.
Y, de alguna manera, me devolvió el aliento.
Hay momentos en los que una descubre que no necesita demasiadas explicaciones. A veces basta caminar, mirar el agua, contemplar una obra de arte, sentir el viento o quedarse en silencio frente a un paisaje. La naturaleza y el arte tienen esa capacidad de tocar lugares a los que las palabras no siempre llegan.
Volviendo a este año, Christian organizó nuestra estadía en Creta en dos etapas: primero el este de la isla y luego el oeste. Y tuvimos además la suerte de no coincidir directamente con los incendios que este verano estremecieron distintos lugares de Europa, entre ellos algunas zonas de Creta. Durante nuestro recorrido disfrutamos de un clima maravilloso y bastante estable, algo que nos permitió mantener nuestros planes y movernos con mucha libertad.
Comenzamos en Agios Nikolaos, desde donde conocimos lugares como Voulisma, Almiros, Spinalonga, Sitia y el pequeño pueblo pesquero de Mochlos. Después llegaron los días dedicados a la historia y la mitología: atravesamos la isla para conocer la cueva de Zeus, en Psychro, y el impresionante palacio de Knossos.
Nuestra segunda etapa nos llevó hacia Agia Marina y el oeste de Creta. Desde allí descubrimos Kolymbari y sus playas, y más tarde Falassarna, con ese mar cristalino y uno de los atardeceres más hermosos que hemos contemplado en familia.
Cada jornada tuvo algo especial: recorrer playas distintas, probar nuevos sabores, detenernos en pequeñas tabernas, conversar con la gente y disfrutar de esa hospitalidad cretense que tantas veces termina con un pequeño vaso de raki sobre la mesa. También nuestros alojamientos fueron parte de la experiencia: espacios cuidados y personas que nos hicieron sentir bienvenidos lejos de casa.
Hoy terminamos nuestro recorrido en la Playa Preveli, allí donde el agua dulce se encuentra con el agua salada, donde el río llega al mar entre y un viento que parece no descansar. Llegar no fue precisamente fácil, pero valió la pena. No alcanzamos a ver a todas las palmeras en su esplendor ya que se afectaron algunas de ellas con el incendio en la zona, pero el encantó de las supervivientes siempre se vio y sintió.
Quizás por eso este viaje quedará guardado de una manera especial.
No solamente por Creta, por sus aguas transparentes, su historia milenaria, sus montañas, sus sabores o sus atardeceres. También porque los viajes familiares cambian con los años. Las hijas crecen, construyen sus propios caminos y comienzan a imaginar viajes en los que mamá y papá ya no necesariamente estarán incluidos.
Y está bien que así sea.
Por eso estas tres semanas tuvieron para mí algo de celebración y también de despedida de una etapa. Hemos caminado, nadado, comido, reído, discutido seguramente alguna vez, descubierto lugares nuevos y vuelto a sentarnos los tres alrededor de una mesa.
Al final, quizás eso sea viajar en familia: guardar pequeños pedazos de tiempo antes de que el tiempo, inevitablemente, cambie de forma.
Y Creta nos regaló muchos.
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Kreta: Vielleicht eine unserer letzten langen Reisen zu dritt
Wie jedes Jahr ist es mein Mann, der unsere Urlaube organisiert: Winterferien, Ostern, Sommer und Herbst. Schon Monate vorher, wenn die verfügbaren Tage mehr oder weniger feststehen, beginnen beim Abendessen die ersten Fragen – und seine gründlichen Recherchen auf der Suche nach unserem nächsten Reiseziel.
Meistens entstehen daraus drei oder vier Vorschläge – eine Mischung aus seinen eigenen Recherchen und all dem, was er aus unseren Gesprächen aufschnappt: etwas, das wir gelesen haben, ein Austausch mit Freundinnen, ein Film, den wir gemeinsam gesehen haben, oder einfach ein Ort, der aus irgendeinem Grund unsere Neugier geweckt hat.
Dieses Jahr spielte bei der Suche allerdings etwas Besonderes eine Rolle: unsere Tochter. Sie hatte uns bereits erzählt, dass sie im nächsten Jahr gerne mit ihren Freund:innen verreisen möchte. Das bedeutete: Dies könnte eine unserer letzten Gelegenheiten sein, sie 15 Tagen am Stück bei uns zu haben. Und allein dadurch bekam diese Reise eine andere Bedeutung.
Also verbanden wir ihren Wunsch nach Meer und Sonne mit meiner Liebe zu Griechenland. Und so kamen wir auf Kreta: Strände, Kultur, Natur und eine wunderbare mediterrane Küche.
Mein Mann organisiert die Unterkünfte, und wenn wir erst einmal vor Ort sind, entscheiden wir gemeinsam über unsere Ausflüge und Tagespläne. Und ich muss sagen: Meistens liegt er damit genau richtig. Reisen bedeutet schließlich auch, Raum für das Unerwartete zu lassen – für das, was man in einem bestimmten Moment vielleicht braucht, ohne es selbst schon zu wissen.
So ging es mir zum Beispiel 2020 während unserer Reise nach Kroatien. Ich befand mich damals in einem emotionalen Tief, das ich selbst nicht wirklich verstehen konnte. Neben der einfühlsamen und liebevollen Begleitung im Alltag gab es eine Überraschung, an die ich mich bis heute sehr gut erinnere: unseren Besuch im Danubiana Meulensteen Art Museum in der Slowakei, unweit von Bratislava. Umgeben vom Wasser der Donau erschien mir dieses Museum damals wie eine Oase, wie ein Gedicht voller Licht und Farbe.
Und irgendwie gab es mir den Atem zurück.
Es gibt Momente, in denen man merkt, dass man gar nicht so viele Erklärungen braucht. Manchmal reicht es, zu gehen, auf das Wasser zu schauen, vor einem Kunstwerk stehen zu bleiben, den Wind zu spüren oder einfach schweigend eine Landschaft zu betrachten. Natur und Kunst haben diese besondere Kraft, Orte in uns zu berühren, die Worte nicht immer erreichen können.
Aber zurück zu diesem Jahr. Christian hatte unseren Aufenthalt auf Kreta in zwei Etappen organisiert: zunächst den Osten der Insel und anschließend den Westen. Wir hatten außerdem das Glück, nicht unmittelbar von den Waldbränden betroffen zu sein, die in diesem Sommer verschiedene Regionen Europas und auch Teile Kretas erschütterten. Während unserer Reise hatten wir wunderbares und ziemlich beständiges Wetter, sodass wir unsere Pläne beibehalten und uns sehr frei auf der Insel bewegen konnten.
Und ich weiß eigentlich gar nicht, wo ich anfangen soll, denn fast alles war ein Genuss – für die Augen und für den Gaumen.
Unsere Reise begann in Agios Nikolaos. Von dort aus entdeckten wir Orte wie Voulisma, Almiros, Spinalonga, Sitia und das kleine Fischerdorf Mochlos. Danach kamen die Tage, die der Geschichte und Mythologie gewidmet waren: Wir fuhren quer über die Insel zur Zeushöhle bei Psychro und besuchten den beeindruckenden Palast von Knossos.
Unsere zweite Etappe führte uns nach Agia Marina und in den Westen Kretas. Von dort aus entdeckten wir Kolymbari und seine Strände und später Falassarna mit seinem kristallklaren Meer und einem der schönsten Sonnenuntergänge, die wir als Familie gemeinsam erlebt haben.
Jeder Tag hatte etwas Besonderes: unterschiedliche Strände entdecken, neue Geschmäcker kennenlernen, in kleinen Tavernen einkehren, mit Menschen ins Gespräch kommen und immer wieder diese kretische Gastfreundschaft erleben, bei der am Ende nicht selten ein kleines Glas Raki auf dem Tisch steht. Auch unsere Unterkünfte wurden Teil dieser Erfahrung: liebevoll gestaltete Orte und Menschen, die uns fern von zu Hause das Gefühl gaben, willkommen zu sein.
Heute endet unsere Reise in Preveli Beach, dort, wo Süßwasser auf Salzwasser trifft, wo der Fluss zwischen Palmen ins Meer mündet und der Wind scheinbar niemals zur Ruhe kommt. Dorthin zu gelangen war nicht gerade einfach – aber es hat sich gelohnt.Leider konnten wir nicht alle Palmen in ihrer vollen Pracht erleben, da einige von ihnen durch den Brand in der Region beschädigt wurden. Doch die Schönheit und besondere Ausstrahlung der Palmen, die das Feuer überstanden haben, war überall sichtbar und spürbar.
Vielleicht wird uns gerade deshalb diese Reise auf eine ganz besondere Weise in Erinnerung bleiben.
Nicht nur wegen Kreta, wegen seines kristallklaren Wassers, seiner jahrtausendealten Geschichte, seiner Berge, seiner Aromen oder seiner Sonnenuntergänge. Sondern auch, weil sich Familienreisen mit den Jahren verändern. Die Kinder werden groß, gehen ihre eigenen Wege und beginnen, von Reisen zu träumen, bei denen Mama und Papa nicht mehr unbedingt dazugehören.
Und das ist gut so.
Deshalb waren diese drei Wochen für mich zugleich ein Fest und ein kleiner Abschied von einer Lebensphase. Wir sind gewandert, geschwommen, haben gegessen, gelacht, sicherlich auch einmal diskutiert, neue Orte entdeckt und uns immer wieder zu dritt an einen Tisch gesetzt.
Vielleicht bedeutet Reisen als Familie am Ende genau das: kleine Stücke gemeinsamer Zeit zu bewahren, bevor die Zeit unweigerlich ihre Form verändert.
Und Kreta hat uns viele davon geschenkt.
domingo, 12 de julio de 2026
Tejer-nos. Cuando los hilos también construyen comunidad - Uns verweben. Wenn Fäden Gemeinschaft entstehen lassen
La idea y el acto de tejer tienen un significado importante para muchas culturas milenarias. El Abya Yala no es la excepción. En sus pueblos originarios, el tejido ha sido mucho más que una técnica artesanal: es memoria, identidad, conocimiento, vínculo y resistencia.
La historia de nuestra principal organización aliada en el Perú, Trenzando Fuerzas, es un claro ejemplo de ello. De hecho, su recorrido también forma parte de la inspiración y nacimiento de MigrArte Perú e.V. y de muchas de las reflexiones que hoy orientan nuestro trabajo.
Retomar encuentros para tejer desde nuevas valoraciones era un deseo compartido. No se trataba únicamente de crear algo bello con las manos, sino de hacerlo desde una mirada decolonial: recuperar los saberes ancestrales, detener el ritmo cotidiano, encontrarnos con otras personas y reconocer que también es posible construir comunidad mientras tejemos.
El sábado 11 de julio fue la fecha elegida para abrir este espacio, donde redes, hilos e historias se encontrarían.
La organización fluyó de manera muy armoniosa. El apoyo de EPIZ Berlin e.V. y de su espacio Weltraum, en Global Village, fue fundamental para hacer posible este encuentro.
La alianza con Trenzando Fuerzas se confirmó de inmediato para participar de manera virtual desde el Perú. Poco después invitamos también a nuestras compañeras alemanas de Netzwerk gegen Feminizid, una iniciativa que mantiene un diálogo permanente con el colectivo mexicano Hilas.
Considerando que el feminicidio aún no está reconocido como figura jurídica específica en la legislación alemana, nos parecía importante abrir también este espacio de intercambio. Netzwerk gegen Feminizid impulsa la creación de redes rojas tejidas con todo tipo de materiales, que posteriormente forman parte de intervenciones artístico-políticas para denunciar la violencia contra las mujeres. Esta vez, desde Berlín, también quisimos sumarnos a esa lucha, tejiendo juntes.
La mañana comenzó con un pequeño ritual guiado por Mauricio Pereyra, representante de EPIZ. Sobre un gran tejido instalado en el suelo se nos invitó a ocupar el espacio con nuestros propios cuerpos, mientras escuchábamos frases que nos llamaban a respirar, reflexionar y activar el sentimiento de comunidad.
Fue un momento de gran apertura. Los afectos y las emociones encontraron su lugar antes que las palabras. Sin renunciar al pensamiento crítico o al conocimiento académico, nos abrimos a otras formas de conocer: aquellas que también nacen del cuerpo, de la experiencia compartida y de la sabiduría ancestral.
Con esa disposición comenzamos el trabajo.
La primera sesión estuvo dedicada al tejido contra el feminicidio. Se presentó el proyecto "Sangre de mi sangre". Las imágenes y la música crearon el ambiente adecuado para continuar ampliando el gran tejido rojo que acompañará futuras acciones públicas en Berlín.
Después compartimos una pausa con quiches y empanadas preparadas por Bonpland, que fueron muy bien recibidas por todas las personas participantes.
La segunda sesión estuvo a cargo de nuestra asociación y de su propuesta de manualidades decoloniales.
En esta ocasión, Silvia Lamaison, coordinadora de esta Linea de trabajo y la actividad del dia, nos introdujo en la técnica del tejido de seis hilos. Con las manos. Tras una breve explicación sobre el significado del tejido en los pueblos del Abya Yala, comenzamos a experimentar con nuestras propias manos.
Muy pronto comprendimos que tejer también exige detenerse. Requiere tiempo, concentración, paciencia y disposición para equivocarse y volver a empezar.
En tiempos marcados por la velocidad y las múltiples crisis, este momento se convirtió en un pequeño oasis para la memoria.
Cada persona avanzaba a su propio ritmo, pero el tejido también era colectivo. Fue hermoso observar las distintas combinaciones de colores, las risas compartidas mientras superábamos nuestras aparentes torpezas y la delicadeza con la que otras compañeras trabajaban cada detalle. Algunas incluso tejían con una habilidad sorprendente.
Simplemente hermoso.
El cierre estuvo a cargo de Trenzando Fuerzas. Pudimos conectarnos con tres de sus integrantes para conocer mejor sus proyectos y finalizar el encuentro junto a la maestra Wilma Maynas, del pueblo Shipibo-Konibo.
Wilma nos presentó parte del significado de los diseños Kené, compartiendo los conocimientos de su comunidad. Y el momento alcanzó una intensidad especial cuando comenzamos a pintar mientras sonaba de fondo un ícaro interpretado por la propia maestra.
Éramos más de treinta personas trabajando casi en silencio, concentradas en cada detalle. Fue un silencio lleno de respeto, escucha y conexión.
Nos quedamos hasta el final, compartimos palabras de cariño y agradecimiento y cerramos la jornada con la sensación de haber construido algo que va mucho más allá de un taller.
Tejimos hilos, sí.
Pero también nos reconstruimos en colectivo: nos entrelazamos con historias, miradas y silencios compartidos, incluso con quienes no conocíamos. Nos fuimos sabiendo que podemos ser parte de un mismo tejido, uno que nos sostiene y nos invita a un nuevo encuentro.
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Uns verweben. Wenn Fäden Gemeinschaft entstehen lassen
Die Idee und der Akt des Webens haben für viele jahrtausendealte Kulturen eine besondere Bedeutung. Das gilt auch für Abya Yala. Für die indigenen Gemeinschaften ist das Weben weit mehr als eine handwerkliche Technik – es ist Erinnerung, Identität, Wissen, Verbundenheit und Widerstand.
Die Geschichte unserer wichtigsten Partnerorganisation in Peru, Trenzando Fuerzas, ist dafür ein eindrucksvolles Beispiel. Ihr Weg ist zugleich eng mit der Entstehung von MigrArte Perú e.V. und mit vielen Überlegungen verbunden, die unsere Arbeit bis heute prägen.
Die Idee, gemeinsame Webtreffen mit einer neuen Wertschätzung wiederaufzunehmen, entstand aus einem gemeinsamen Wunsch. Es ging nicht nur darum, mit den Händen etwas Schönes zu schaffen, sondern dies aus einer dekolonialen Perspektive zu tun: überliefertes Wissen sichtbar zu machen, das alltägliche Tempo zu unterbrechen, Menschen zusammenzubringen und zu erfahren, dass Gemeinschaft auch beim gemeinsamen Weben entstehen kann.
Der 11. Juli war der Auftakt für diesen Raum, in dem sich Netzwerke, Fäden und Geschichten miteinander verweben sollten.
Die Organisation verlief ausgesprochen harmonisch, obwohl uns nur begrenzte Mittel zur Verfügung standen. Die Unterstützung von EPIZ Berlin e.V. und insbesondere des Weltraums im Global Village war entscheidend dafür, dieses Treffen möglich zu machen.
Die Zusammenarbeit mit Trenzando Fuerzas war sofort besiegelt. Von Peru aus beteiligten sich die Kolleginnen online an unserem Programm. Kurz darauf luden wir auch unsere deutschen Partnerinnen von Netzwerk gegen Feminizid ein – einer Initiative, die in engem Austausch mit dem mexikanischen Kollektiv Hilas steht.
Gerade weil der Begriff des Feminizids im deutschen Recht bis heute nicht als eigenständiger Straftatbestand anerkannt ist, war uns dieser Austausch besonders wichtig. Netzwerk gegen Feminizid gestaltet gemeinsam rote Netze aus unterschiedlichsten Materialien, die später bei künstlerisch-politischen Interventionen eingesetzt werden, um auf Gewalt gegen Frauen aufmerksam zu machen. Auch wir wollten uns in Berlin an diesem gemeinsamen Zeichen des Widerstands beteiligen und mitweben.
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| Claudia, Silvia & Marita (MigrArte Perú e.V.) - Mauricio (EPIZ Berlin e.V.) |
Der Morgen begann mit einem kleinen Ritual, das von Mauricio Pereyra von EPIZ angeleitet wurde. Auf einem großen ausgelegten Gewebe wurden wir eingeladen, den Raum mit unseren Körpern einzunehmen, während Worte erklangen, die uns zum Atmen, zum Innehalten und zum bewussten Erleben von Gemeinschaft einluden.
Es war ein Moment großer Offenheit. Gefühle und Emotionen erhielten ihren Platz noch bevor gesprochen wurde. Ohne kritisches Denken oder wissenschaftliches Wissen infrage zu stellen, öffneten wir uns anderen Formen des Wissens – jenem Wissen, das ebenso aus dem Körper, aus gemeinsamer Erfahrung und aus der Weisheit der Vorfahr*innen entsteht.
Mit dieser Haltung begann unsere gemeinsame Arbeit.
Die erste Einheit war dem Netzwerk gegen Feminizid gewidmet. Vorgestellt wurde das Projekt „Sangre de mi sangre“. Bilder und Musik schufen den passenden Rahmen, um das große rote Gewebe weiter wachsen zu lassen, das künftig bei verschiedenen öffentlichen Aktionen in Berlin eingesetzt werden soll.
Anschließend stärkten wir uns bei einer Pause mit Quiches und Empanadas von Bonpland, die bei allen Teilnehmenden großen Anklang fanden.
Die zweite Einheit wurde von unserem Verein gestaltet und widmete sich dekolonialen Handarbeitstechniken.
Silvia Lamaison, die diesen Programmpunkt koordinierte, führte uns in die Technik des Sechsfäden-Webens ein. Nach einer kurzen Einführung in die Bedeutung des Webens in den Kulturen Abya Yalas begannen wir selbst mit unseren Händen zu arbeiten.
Schon bald wurde deutlich, dass Weben vor allem eines verlangt: innezuhalten. Es braucht Zeit, Konzentration, Geduld und die Bereitschaft, Fehler zu machen und neu anzufangen.
In einer Zeit, die von Geschwindigkeit und vielfältigen Krisen geprägt ist, wurde dieser Moment zu einer kleinen Oase der Erinnerung.
Jede Person arbeitete in ihrem eigenen Rhythmus, und doch entstand ein gemeinsames Gewebe. Es war schön zu beobachten, wie unterschiedliche Farbkombinationen entstanden, wie wir gemeinsam über unsere anfänglichen Unsicherheiten lachten und mit welcher Sorgfalt andere jedes Detail gestalteten. Manche verfügten bereits über erstaunliche Erfahrung.
Es war einfach wunderschön.
Den Abschluss gestaltete Trenzando Fuerzas. Wir konnten mit drei ihrer Vertreterinnen ins Gespräch kommen und mehr über ihre Projekte erfahren. Den Höhepunkt bildete die Begegnung mit der Lehrerin Wilma Maynas aus dem Volk der Shipibo-Konibo.
Wilma führte uns in die Bedeutung der Kené-Muster ein und teilte das Wissen ihrer Gemeinschaft mit uns. Eine ganz besondere Atmosphäre entstand, als wir zu malen begannen, während im Hintergrund ein von ihr gesungener Ícaro erklang.
Mehr als dreißig Menschen arbeiteten beinahe schweigend, ganz vertieft in jedes Detail. Es war eine Stille voller Respekt, Aufmerksamkeit und Verbundenheit.
Wir blieben bis zum Schluss zusammen, tauschten Worte der Wertschätzung und des Dankes aus und gingen mit dem Gefühl nach Hause, etwas geschaffen zu haben, das weit über einen Workshop hinausgeht.
Wir haben Fäden miteinander verwoben.
jueves, 2 de julio de 2026
Diecisiete años después: tiempos de gratitud y responsabilidad
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| Foto: Brenda Ruesta Barrientos |
El nacimiento de mi hija transformó mi propio proceso de integración como madre, mujer, profesional y migrante. En 2010 escribí un nuevo texto en mi blog. Aquella reflexión nacía de un proceso comunitario que comenzaba a tomar forma en Berlín. Poco a poco se hacía más evidente el deseo de construir una comunidad que fuera referente de nuestras culturas y de nuestras lenguas maternas, que nos hiciera visibles como un grupo capaz de aportar activamente a la sociedad de acogida. Al mismo tiempo, comprendíamos que el reconocimiento y la valoración de nosotras mismas eran condiciones indispensables para dialogar de igual a igual con las demás personas.
Todo este recorrido me encuentra hoy, diecisiete años después, participando en la duodécima edición del Encuentro sobre Multilingüismo en Pankow. Durante la pandemia de coronavirus, este espacio dio un paso decisivo hacia una mayor proyección en Berlín, impulsado también por los cambios en la ley escolar que fortalecieron la promoción del multilingüismo en las aulas.
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| Remziye Uykun - Koordinatorin des BeFaN Netzwerks |
Este 2 de julio tuve nuevamente la alegría de participar en la organización del evento junto con la Red BEFaN, la AK Lingua Pankow, las Bibliotecas de Pankow y la Oficina de Participación e Integración del distrito. Siempre emociona volver a trabajar "en casa" y comprobar cómo este camino colectivo sigue creciendo. Seguramente en nuestras redes sociales podrán conocer los temas que abordamos este año.
Yo quisiera detenerme únicamente en los minutos que el programa dedicó a reconocer el trabajo desarrollado desde las organizaciones de migrantes. Aunque el homenaje estuvo dirigido a mi persona, lo recibo, sobre todo, como un reconocimiento colectivo a tantes compañeres con quienes he compartido este camino durante tantos años.
Es imposible mencionar a todas las personas e instituciones que forman parte de esta historia. Mi agradecimiento atraviesa muchos momentos y muchos niveles de mi vida. Solo ahora, ya de noche, he podido sentarme a escribir y procesar todo lo vivido.
Cuando anunciaron una "sorpresa", jamás imaginé algo semejante. Nunca había experimentado una muestra de reconocimiento tan generosa. Fue realmente conmovedor descubrir que tantas personas recordaran y valoraran mi trabajo. No porque considere que lo merezca especialmente, sino porque ese trabajo nunca fue únicamente mío: nació, creció y sigue formando parte de procesos colectivos.
Como dije hoy, no habrá decepción ni momento difícil capaz de apagar el fuego que significa sentirse parte de una comunidad. Y, en mi caso, he tenido el privilegio de sentirme parte de varias. Cada una en su pluridiversidad lingüística y cultural.
Hoy agradezco ese sentido de pertenencia, la que sin alejarme de mi identidad "peruana", me hace sentir "pankoweriana", si es palabra existe:).
Pienso especialmente en aquellas mujeres extraordinarias con quienes compartí los primeros años de MaMis en Movimiento e. V., una asociación que nació casi al mismo tiempo que mi hija y que marcó de manera decisiva la forma en que hoy entiendo el trabajo comunitario. A ellas les debo la posibilidad de aprender desde el ensayo y el error, de experimentar juntas y construir, paso a paso, lo que MaMis representa hoy.
También agradezco a mis queridas colegas de MigrArte Perú e. V., una segunda etapa decisiva de mi camino, donde las perspectivas decoloniales y ecofeministas fueron adquiriendo cada vez más sentido, profundidad y fuerza.
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| Carolina Giovagnoli & Selva Avendanio von MigrArte Perú e.V. |
Y si debo mencionar nombres, quiero expresar mi agradecimiento a la Comisionada de Participación e Integración de Berlín, Katarina Niewiedzial. Desde que la conocí, cuando era Comisionada de Participación e Integración de Pankow, siempre he recibido de ella confianza, respeto y un trato de igual a igual. Con Katarina existe un vínculo construido desde el respeto mutuo y la transparencia, donde siempre ha sido posible expresar opiniones y sentimientos con honestidad, sin temor a represalias ni condiciones.
Mi agradecimiento también es para mi querida colega Remziye Uykun, coordinadora de la Red BEFaN, con quien compartí cinco años de trabajo en el proyecto migraUp!, dedicado al fortalecimiento de la cooperación entre las organizaciones de migrantes y la administración pública del distrito de Pankow. Juntas contribuimos a hacer más visible y profesional el trabajo por el multilingüismo. Me alegra profundamente ver cómo BEFaN ha crecido y se ha consolidado, en buena parte gracias al importante trabajo de su organización responsable, Yekmal e. V. Así, la voz del multilingüismo en Berlín se vuelve cada vez más coherente, plural y representativa.
Quiero agradecer también a Danilo Vetter, director de las Bibliotecas de Pankow, por su permanente apertura al diálogo intercultural y por el compromiso constante que ha demostrado con las organizaciones de migrantes del distrito. No exagero al decir que, para muchas de nosotras, las bibliotecas constituyen uno de los socios institucionales más cercanos, democráticos y valorados.
Hoy hago un balance muy positivo. Siento una validación de que el camino recorrido ha tenido sentido y que el esfuerzo de todos estos años ha valido la pena.
Sin embargo, también tengo muy claro que un reconocimiento, por sí mismo, no tiene ningún valor si alguna vez se pierde el rumbo. Los tiempos que vivimos nos enfrentan a enormes desafíos y, a veces, aparece la tentación de caminar solas, de pensar únicamente en salvarnos individualmente.
Para mí, un reconocimiento es, sobre todo, un recordatorio. Un recordatorio de que debemos seguir demostrándonos a nosotras mismas que podemos caminar con coherencia. Que esos diez o veinte minutos de alegría —porque sí, se sienten muy bien— no constituyen un cheque en blanco.
La memoria de ese momento tan hermoso debe recordarme la enorme responsabilidad que implica continuar este camino. Porque aquello que hacemos nunca es únicamente individual: siempre tiene la capacidad de inspirar, fortalecer o abrir puertas para otras personas.
A este agradecimiento se suman mis queridas hermanas de MigrArte Perú e. V. en Berlín y de Trenzando Fuerzas en Perú. Y, por supuesto, mi familia de sangre. Gracias también a Chris y a Rosi, porque siguen siendo el mejor recordatorio de que vale la pena seguir adelante.
Gracias, de corazón.
***
Siebzehn Jahre später: Zeiten der Dankbarkeit und Verantwortung
Im Dezember 2009 schrieb ich einen Blogbeitrag über Familie, Zwei- und Mehrsprachigkeit. Es war nicht das erste Mal, dass mich dieses Thema auf meinem Lebensweg begleitete. Einige Jahre zuvor war ich in der Abteilung für Strategische Planung des Bildungsministeriums meines Heimatlandes tätig und begleitete die Arbeit von 27 pädagogischen Fachstellen. Eine davon war der Interkulturellen Bilingualen Bildung gewidmet. Obwohl mir immer bewusst war, aus einem mehrsprachigen Land zu stammen, begann ich mich erst mit meiner Mutterschaft in Berlin wirklich intensiv mit diesem Thema auseinanderzusetzen.
Die Geburt meiner Tochter veränderte meinen eigenen Integrationsprozess – als Mutter, als Frau, als Fachkraft und als Migrantin. Im Jahr 2010 veröffentlichte ich einen weiteren Blogbeitrag "Ich-trgration". Diese Reflexion entstand aus einem gemeinschaftlichen Prozess, der in Berlin langsam Gestalt annahm. Schritt für Schritt wurde der Wunsch stärker, eine Gemeinschaft aufzubauen, die unsere Kulturen und unsere Muttersprachen sichtbar macht und als Bezugspunkt dient – eine Gemeinschaft, die zeigt, dass wir als Gruppe aktiv zur Aufnahmegesellschaft beitragen können. Gleichzeitig wurde uns bewusst, dass Selbstanerkennung und Selbstwertschätzung unverzichtbare Voraussetzungen sind, um anderen Menschen auf Augenhöhe zu begegnen.
Heute, siebzehn Jahre später, führt mich dieser Weg zur zwölften Ausgabe des Mehrsprachigkeitsforums in Pankow. Während der Corona-Pandemie entwickelte sich diese Veranstaltung zu einem berlinweiten Format – begünstigt auch durch die Änderungen des Berliner Schulgesetzes, die die Förderung der Mehrsprachigkeit im Unterricht stärkten.
Am 2. Juli hatte ich erneut die Freude, die Veranstaltung gemeinsam mit dem BEFaN-Netzwerk, AK Lingua Pankow, den Stadtbibliotheken Pankow sowie der Beauftragten für Partizipation und Integration des Bezirks mitzugestalten. Es berührt mich jedes Mal, wieder „zu Hause“ arbeiten zu dürfen und zu sehen, wie dieser gemeinsame Weg weiter wächst. Einen Eindruck von den diesjährigen Themen findet ihr sicherlich in unseren sozialen Netzwerken.
Besonders möchte ich mich bei den wenigen Minuten aufhalten, die dem Engagement von Migrant:innenorganisationen gewidmet waren. Auch wenn die Ehrung meiner Person galt, verstehe ich sie vor allem als eine Anerkennung für die vielen Weggefährt:innen, mit denen ich diesen Weg über so viele Jahre gemeinsam gegangen bin.
Es ist unmöglich, alle Menschen und Institutionen zu nennen, die Teil dieser Geschichte sind. Mein Dank umfasst viele Lebensphasen und viele Ebenen meines Lebens. Erst jetzt, am Abend, finde ich die Ruhe, alles Erlebte aufzuschreiben und zu verarbeiten.
Als von einer „Überraschung“ die Rede war, hätte ich mir niemals vorstellen können, was mich erwartete. Noch nie zuvor hatte ich eine so großzügige Form der Anerkennung erlebt. Es hat mich sehr berührt zu sehen, dass sich so viele Menschen an meine Arbeit erinnern und sie wertschätzen. Nicht, weil ich glaube, sie in besonderer Weise verdient zu haben, sondern weil diese Arbeit nie allein meine war. Sie ist entstanden, gewachsen und bleibt Teil gemeinschaftlicher Prozesse.
Wie ich heute gesagt habe: Es gibt keine Enttäuschung und keinen schwierigen Moment, der das Feuer auslöschen könnte, das entsteht, wenn man sich als Teil einer Gemeinschaft fühlt. Ich selbst durfte das Privileg erleben, Teil mehrerer Gemeinschaften zu sein – jede von ihnen geprägt von ihrer eigenen sprachlichen und kulturellen Vielfalt.
Heute bin ich dankbar für dieses Gefühl der Zugehörigkeit. Ohne meine peruanische Identität aufzugeben, fühle ich mich heute auch als Pankowerin – sofern es dieses Wort überhaupt gibt.
Meine Gedanken gehen besonders an die großartigen Frauen, mit denen ich die ersten Jahre von MaMis en Movimiento e. V. teilen durfte. Der Verein entstand fast zeitgleich mit der Geburt meiner Tochter und prägte entscheidend mein heutiges Verständnis von Gemeinschaftsarbeit. Ihnen verdanke ich die Möglichkeit, durch Versuch und Irrtum zu lernen, gemeinsam Neues auszuprobieren und Schritt für Schritt das aufzubauen, wofür MaMis heute steht.
Ebenso danke ich meinen lieben Kolleg:innen von MigrArte Perú e. V. Sie stehen für einen zweiten wichtigen Abschnitt meines Weges, in dem dekoloniale und ökofeministische Perspektiven für mich immer mehr Sinn, Tiefe und Kraft gewonnen haben.
Wenn ich Namen nennen darf, möchte ich mich besonders bei der Berliner Beauftragten für Partizipation und Integration, Katarina Niewiedzial, bedanken. Seit ich sie kennengelernt habe – damals noch als Beauftragte für Partizipation und Integration in Pankow –, habe ich von ihr Vertrauen, Respekt und eine Zusammenarbeit auf Augenhöhe erfahren. Unsere Verbindung beruht auf gegenseitigem Respekt und Transparenz. Wir konnten unsere Meinungen und Gefühle stets offen äußern – ohne Angst vor Konsequenzen oder Bedingungen.
Mein Dank gilt ebenso meiner lieben Kollegin Remziye Uykun, Koordinatorin des BEFaN-Netzwerks, mit der ich fünf Jahre lang im Projekt migraUp! zusammenarbeiten durfte. Ziel des Projekts war es, die Zusammenarbeit zwischen Migrant:innenorganisationen und der Bezirksverwaltung Pankow zu stärken. Gemeinsam haben wir dazu beigetragen, die Bedeutung der Mehrsprachigkeit sichtbarer und professioneller zu machen. Es freut mich sehr zu sehen, wie sich BEFaN weiterentwickelt und etabliert hat – nicht zuletzt dank der wertvollen Arbeit seines Trägers Yekmal e. V. Dadurch wird die Stimme der Mehrsprachigkeit in Berlin immer vielfältiger, kohärenter und repräsentativer.
Ebenso möchte ich Danilo Vetter, dem Leiter der Stadtbibliotheken Pankow, danken – für seine kontinuierliche Offenheit gegenüber dem interkulturellen Dialog und für sein dauerhaftes Engagement gegenüber den Migrant:innenorganisationen des Bezirks. Ich übertreibe nicht, wenn ich sage, dass die Bibliotheken für viele von uns zu den wichtigsten, demokratischsten und verlässlichsten institutionellen Partnern gehören.
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| Bilingua e.V. & MigrArte Perú e.V. |
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| MaMis en Movimiento & RAA |
Gleichzeitig ist mir sehr bewusst, dass eine Auszeichnung für sich allein keinen Wert hat, wenn man irgendwann die Orientierung verliert. Die Herausforderungen unserer Zeit sind groß, und manchmal entsteht die Versuchung, allein weiterzugehen oder nur noch an die eigene Rettung zu denken.
Für mich ist eine Anerkennung vor allem eine Erinnerung. Eine Erinnerung daran, dass wir uns immer wieder selbst beweisen müssen, unseren Weg konsequent und glaubwürdig weiterzugehen. Dass zehn oder zwanzig Minuten der Freude – so schön sie sich auch anfühlen – kein Freibrief sind.
Die Erinnerung an diesen wunderbaren Moment soll mich vielmehr an die große Verantwortung erinnern, die damit verbunden ist. Denn das, was wir tun, ist niemals nur individuell. Es hat immer das Potenzial, andere Menschen zu inspirieren, zu stärken oder ihnen neue Türen zu öffnen.
Zu meinem Dank gehören auch meine lieben Schwestern von MigrArte Perú e. V. in Berlin und von Trenzando Fuerzas in Peru. Und natürlich meine Familie. Danke auch an Chris und Rosi – sie erinnern mich jeden Tag daran, dass es sich lohnt, weiterzugehen.
Danke – von Herzen.
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jueves, 9 de abril de 2026
Salsa desde Africa bendita
El Sábado Santo fue un día especialmente soleado en Berlin. Decidimos salir a pasear y recoger un vinilo que parecia ser muy importante. Luego iriamos a comer "peruano".
Llegamos a nuestro destino: una casa en Friedrichshain. El long play era una nueva adquisición para el Salsa Café, donde mi marido participa como coorganizador y DJ. El disco era de Laba Sosseh, cantante originario de Gambia.
Ya en el auto, cuando escuché el sample que Chris había preparado, la melodía me resultó muy familiar. Era Yamulemao . ¿Les suena? Es una de esas canciones que siempre me han encantado, de Joe Arroyo.
Nunca me había preguntado en qué lengua estaba cantada. Intuía un acento africano, pero no iba más allá. Mientras regresábamos a casa, Christian —como casi siempre cuando se trata de salsa— empezó a instruirme sobre la historia detrás del tema.
Resulta que Laba Sosseh había grabado esta canción como Diamoule Mawo en 1982 con el sello SAR en Estados Unidos. Esta fue una primera versión en Salsa de otra original proveniente de Togo en el Paris de 1968. El Trio africano Los makueson' s la grabó originalmente con el titulo: Mpuli-mwa-moni Años más tarde, Joe Arroyo nos la trajo con su propia interpretación.
Y entonces, como suele ocurrir cuando hablamos de lo mejor de la música —como la salsa—, surge inevitable la reflexión: ¿qué sería de nuestro continente sin la influencia africana?
Ahora sé de dónde viene esa melodía que tanto me gusta. Sé que está cantada en wolof, y que esa presencia africana no es algo lejano, sino profundamente presente en lo que somos y escuchamos. Solo hay que afinar el oído. Escuchar con atención.
Aquí les dejo ambas versiones. Difícil decir cuál es mejor. Siento que, en el fondo, son parte de un mismo corazón: una hermosa conversación musical que, de alguna manera, nos hace bien.
Diamoule Mawo, de Leba Sosseh
https://youtu.be/T_skdYk9PXE?is=6Mp5a0_qPZW4C9yF
Yamulemao, versión de Joe Arroyo.
https://youtu.be/RdM-3IsrwuA?is=p6v01ZeVmIp9EwHO
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Der Karsamstag war ein besonders sonniger Tag in Berlin. Wir beschlossen, spazieren zu gehen und eine Schallplatte abzuholen, die offenbar sehr wichtig war. Danach wollten wir peruanisch essen gehen.
Wir erreichten unser Ziel: ein Haus in Friedrichshain. Die Langspielplatte war eine neue Anschaffung für das Salsa Café, bei dem mein Mann als Mitorganisator und DJ beteiligt ist. Das Album stammte von Laba Sosseh, einem Sänger aus Gambia.
Als wir bereits im Auto saßen und ich das Sample hörte, das Chris vorbereitet hatte, kam mir die Melodie sofort bekannt vor. Es war Yamulemao. Kommt Ihnen das bekannt vor? Es ist eines dieser Lieder, die ich schon immer geliebt habe – von Joe Arroyo.
Ich hatte mich nie gefragt, in welcher Sprache es gesungen wird. Ich vermutete einen afrikanischen Akzent, aber weiter ging ich dem nicht nach. Während wir nach Hause fuhren, begann Christian – wie so oft, wenn es um Salsa geht –, mir die Geschichte hinter dem Stück zu erklären.
Es stellt sich heraus, dass Laba Sosseh dieses Lied bereits 1982 unter dem Titel Diamoule Mawo in den USA beim Label SAR aufgenommen hatte. Dabei handelte es sich um eine erste Salsa-Version eines Originals aus Togo, das 1968 in Paris entstanden war.
Das afrikanische Trio Los Makueson's hatte das Stück ursprünglich unter dem Titel Mpuli-mwa-moni aufgenommen.
Jahre später brachte Joe Arroyo das Lied mit seiner eigenen Interpretation erneut heraus.
Und dann – wie so oft, wenn wir über das Beste der Musik sprechen, über Salsa – drängt sich unweigerlich eine Frage auf: Was wäre unser Kontinent ohne den afrikanischen Einfluss?
Jetzt weiß ich, woher diese Melodie kommt, die mir so sehr gefällt. Ich weiß, dass sie auf Wolof gesungen wird – und dass diese afrikanische Präsenz nichts Fernes ist, sondern tief in dem verwurzelt, was wir sind und hören.
Man muss nur genau hinhören. Wirklich zuhören.
Hier sind beide Versionen. Es ist schwer zu sagen, welche die bessere ist. Ich habe das Gefühl, dass sie im Grunde Teil desselben Herzens sind: ein wunderbarer musikalischer Dialog, der uns auf seine Weise guttut.
Diamoule Mawo, von Leba Sosseh
https://youtu.be/T_skdYk9PXE
Yamulemao, Version von Joe Arroyo
https://youtu.be/RdM-3IsrwuA
domingo, 5 de abril de 2026
Feliz Domingo de Resurrección
Mi conexión con la Semana Santa ha cambiado cualitativamente con cada viaje. Especialmente cuando los lugares a los que he llegado no coincidían con la religiosidad cristiana en la que crecí, como fue el caso de mi último destino: Berlin.
En esta capital, la celebración laica de las fiestas va de la mano con los cambios de estación y con tradiciones menos religiosas. La Semana Santa, por ejemplo, está claramente marcada en el calendario y el Viernes Santo es feriado. Pero, al no ser un día estrictamente religioso para todos, otros símbolos ocupan el espacio público: huevos de colores, conejos, flores que anuncian la primavera.
La idea de los huevos y los conejos la exploré apenas llegué a Alemania, en un artículo que me solicitaron en 2010 desde ANE e.V. (Arbeitskreis Neue Erziehung). - Aqui el enlace del articulo : https://mar-i-pasos.blogspot.com/2010/03/huevos-y-conejos-hablando-de-la-pascua.html?m=0)- Allí intenté comprender cómo estas imágenes también hablan de vida, renovación y esperanza, aunque desde otro lenguaje.
El viernes retomé contacto con mi comunidad de Lima. Ellos continúan participando en una comunidad amplia que se reúne para reflexionar sobre los cambios necesarios en distintos planos de la vida —sobre todo el personal y el laboral— a la luz de la fe y desde una perspectiva concreta: la teología de la liberación.
Para mí, espacios como la UNEC (Unión Nacional de Estudiantes Católicos) y el MPC (Movimiento de Profesionales Católicos) fueron guías fundamentales. Me permitieron releer mi propia experiencia desde una mirada más política y descubrir la coherencia entre espiritualidad y acción como herramientas cotidianas, allí donde me encontrara.
Las personas de mi comunidad —a quienes conocí desde sus veintes, o incluso antes— han permanecido en Perú. Hoy nos comunicamos menos, pero esa historia compartida no se borra. El viernes, una de mis compañeras compartió un texto de Semana Santa, y a partir de allí surgieron varias reflexiones que hoy, en este Domingo de Resurrección, siento la necesidad de escribir.
- El laicado y sus responsabilidades
Mi comunidad ha sufrido pérdidas importantes. Nuestros asesores fallecieron hace poco y nos encontramos en un contexto “sin pastor”. Tal vez este sea el momento de mirarnos nuevamente desde el protagonismo laico con el que nació el movimiento.
La Palabra sigue con nosotras. La realidad sigue interpelando. Y la comunidad continúa viva para acompañar. Todo lo aprendido —las herramientas teológicas, los procesos vividos— no caerá en saco roto.
Yo, que llevo más de veinte años fuera de Lima, no he experimentado esa sensación de vacío de la misma manera. La referencia comunitaria, incluso en momentos clave de mi vida migrante, no ha entrado en crisis.
Creo que esa misma fuerza fue la que me impulsó a crear algo parecido aquí. Reencontrarme con mi identidad laica me ha permitido reconocer desafíos importantes e involucrarme en procesos de cambio. No siempre se logra todo lo que se desea, pero en los espacios que he construido he sido testigo de transformaciones reales en favor de las personas.
Esa fuerza —ese espíritu de compromiso— nació en mí gracias a la experiencia comunitaria. Y por eso sigue viva.
2. Autocuidado y menos adaptación
Las llamadas de atención de mi cuerpo en los últimos años encendieron alertas que poco a poco se han ido aclarando. Me di cuenta de que durante mucho tiempo estuve demasiado enfocada en escuchar y atender lo que estaba fuera de mí.
Hoy puedo reconocer mejor cuándo eso ocurre a mi propia costa. Aprender a poner límites, a tomar distancia, ha sido fundamental.
Mi alta valoración de la comunidad como construcción política y espiritual no me permitía ver con claridad el valor que nos debemos como personas —no como individuos aislados, sino como seres dignos en relación—.
No se trata de reciprocidad inmediata ni de esperar algo a cambio. Pero con el tiempo una puede ver si recibió algo esencial: una respuesta amable, un gesto de cariño, una presencia cuando más se necesitaba.
Detectar lo que nos hace bien —no solo lo que nos conviene— y reconocer que existen otras formas de ser persona ha sido uno de los grandes descubrimientos de este año.
3. Resurrección como tiempo de transformación
La Resurrección no es solo un momento litúrgico. Es también una invitación a reconocer los cambios que están ocurriendo en nuestra propia vida.
Resucitar puede significar soltar formas antiguas de estar en el mundo, dejar atrás vínculos que ya no sostienen, o animarse a construir otros nuevos. Puede ser también reconciliarse con la propia historia, integrando lo vivido sin negarlo.
En mi caso, este tiempo habla de transformación consciente: de elegir con más claridad dónde estar, con quién compartir, y desde qué lugar actuar.
La Resurrección no ocurre de golpe. Es un proceso. A veces silencioso, a veces incómodo, pero profundamente vital.
Hoy, en este Domingo de Resurrección, después de haberme permitido sentir y pensar, reconozco que sigo en camino. Entre lo aprendido y lo que aún estoy descubriendo. Entre la memoria de comunidad y las nuevas formas de construirla.
Y quizás eso sea, al final, lo más fiel al espíritu de este tiempo: seguir apostando por la vida, incluso —y sobre todo— en medio de los cambios.
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Frohen Ostersonntag
Meine Verbindung zur Karwoche hat sich mit jeder Reise auf qualitative Weise verändert. Besonders dann, wenn die Orte, an die ich gelangte, nicht mit der christlichen Religiosität übereinstimmten, in der ich aufgewachsen bin – wie es bei meinem letzten Reiseziel, Berlín, der Fall war.
In dieser Hauptstadt geht die säkulare Feier der Festtage Hand in Hand mit den Jahreszeitenwechseln und weniger religiös geprägten Traditionen. Die Karwoche ist zwar klar im Kalender verankert und der Karfreitag ist ein Feiertag. Doch da er nicht für alle ein strikt religiöser Tag ist, nehmen andere Symbole den öffentlichen Raum ein: bunte Eier, Hasen, Blumen, die den Frühling ankündigen.
Die Idee von Eiern und Hasen habe ich bereits kurz nach meiner Ankunft in Deutschland aufgegriffen, in einem Artikel, den ich 2010 im Auftrag von ANE e.V. (Arbeitskreis Neue Erziehung) verfasst habe. Dort habe ich versucht zu verstehen, wie auch diese Bilder von Leben, Erneuerung und Hoffnung sprechen – wenn auch in einer anderen Sprache.
Am Freitag habe ich wieder Kontakt zu meiner Gemeinschaft aufgenommen. Sie sind weiterhin Teil einer größeren Gemeinschaft, die sich trifft, um über notwendige Veränderungen in verschiedenen Lebensbereichen nachzudenken – insbesondere im persönlichen und beruflichen – im Licht des Glaubens und aus einer konkreten Perspektive: der Befreiungstheologie.
Für mich waren Räume wie die UNEC (Unión Nacional de Estudiantes Católicos) und der MPC (Movimiento de Profesionales Católicos) grundlegende Wegbegleiter. Sie haben mir ermöglicht, meine eigene Erfahrung aus einer politischeren Perspektive neu zu lesen und die Kohärenz zwischen Spiritualität und Handeln als alltägliche Werkzeuge zu entdecken – unabhängig davon, wo ich mich befand.
Die Menschen meiner Gemeinschaft – die ich seit ihren Zwanzigern oder sogar noch früher kenne – sind in Peru geblieben. Heute kommunizieren wir weniger, doch diese gemeinsame Geschichte bleibt bestehen. Am Freitag teilte eine meiner Weggefährtinnen einen Text zur Karwoche, und daraus entstanden verschiedene Reflexionen, die ich heute, an diesem Ostersonntag, das Bedürfnis habe niederzuschreiben.
1. Das Laikat und seine Verantwortung
Meine Gemeinschaft hat bedeutende Verluste erlitten. Unsere geistlichen Begleiter sind vor Kurzem verstorben, und wir befinden uns in einem Kontext „ohne Hirten“. Vielleicht ist dies der Moment, uns wieder aus der Perspektive des Laienengagements zu betrachten, aus der die Bewegung einst entstanden ist.
Das Wort ist weiterhin unter uns. Die Realität fordert uns weiterhin heraus. Und die Gemeinschaft lebt weiter, um zu begleiten. All das Gelernte – die theologischen Werkzeuge, die durchlebten Prozesse – wird nicht verloren gehen.
Ich selbst, die seit mehr als zwanzig Jahren nicht mehr in Lima lebt, habe dieses Gefühl der Leere nicht auf dieselbe Weise erlebt. Der Bezug zur Gemeinschaft ist – selbst in entscheidenden Momenten meines Lebens in der Migration – nicht in eine Krise geraten.
Ich glaube, dass genau diese Kraft mich dazu bewegt hat, hier etwas Ähnliches aufzubauen. Die Wiederbegegnung mit meiner Identität als Laiin hat es mir ermöglicht, wichtige Herausforderungen zu erkennen und mich in Veränderungsprozesse einzubringen. Nicht immer erreicht man alles, was man sich wünscht, doch in den Räumen, die ich geschaffen habe, konnte ich echte Veränderungen zugunsten der Menschen miterleben.
Diese Kraft – dieser Geist des Engagements – ist aus meiner Gemeinschaftserfahrung heraus in mir gewachsen. Und deshalb lebt sie weiter.
2. Selbstfürsorge und weniger Anpassung
Die Warnsignale meines Körpers in den letzten Jahren haben nach und nach Klarheit geschaffen. Ich habe erkannt, dass ich lange Zeit zu sehr darauf fokussiert war, auf das zu hören und zu reagieren, was außerhalb von mir geschieht.
Heute kann ich besser wahrnehmen, wann dies auf meine eigenen Kosten geschieht. Zu lernen, Grenzen zu setzen und Distanz zu nehmen, war dabei entscheidend.
Meine hohe Wertschätzung von Gemeinschaft als politischer und spiritueller Aufbau ließ mich lange nicht klar erkennen, welchen Wert wir uns selbst schulden – nicht als isolierte Individuen, sondern als Menschen in Beziehung, die Würde besitzen.
Es geht nicht um unmittelbare Gegenseitigkeit oder darum, etwas zurückzuerwarten. Doch mit der Zeit kann man erkennen, ob man etwas Wesentliches erhalten hat: eine freundliche Antwort, eine Geste der Zuneigung, eine Präsenz im entscheidenden Moment.
Zu erkennen, was uns wirklich guttut – nicht nur, was uns nützt – und anzunehmen, dass es andere Weisen gibt, Mensch zu sein, gehört zu den großen Entdeckungen dieses Jahres.
3. Auferstehung als Zeit der Transformation
Die Auferstehung ist nicht nur ein liturgischer Moment. Sie ist auch eine Einladung, die Veränderungen in unserem eigenen Leben wahrzunehmen.
Auferstehen kann bedeuten, alte Weisen des In-der-Welt-Seins loszulassen, Beziehungen hinter sich zu lassen, die nicht mehr tragen, oder den Mut zu finden, neue aufzubauen. Es kann auch bedeuten, sich mit der eigenen Geschichte zu versöhnen und das Erlebte zu integrieren, ohne es zu verleugnen.
Für mich spricht diese Zeit von bewusster Transformation: davon, klarer zu wählen, wo ich sein möchte, mit wem ich teilen will und aus welcher Haltung heraus ich handle.
Die Auferstehung geschieht nicht plötzlich. Sie ist ein Prozess – manchmal leise, manchmal unbequem, aber zutiefst lebendig.
Heute, an diesem Ostersonntag, nachdem ich mir erlaubt habe zu fühlen und zu denken, erkenne ich, dass ich weiterhin unterwegs bin. Zwischen dem, was ich gelernt habe, und dem, was ich noch entdecke. Zwischen der Erinnerung an Gemeinschaft und neuen Formen, sie zu gestalten.
Und vielleicht ist genau das letztlich am treuesten gegenüber dem Geist dieser Zeit: weiter auf das Leben zu setzen – selbst, und gerade, mitten im Wandel.
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