Caminando siempre con la Princesa de mis días

Caminando siempre con la Princesa de mis días

Uno avanza como puede, pero avanza. Este es un espacio para compartir esos pasitos de nina y mamá que estamos emprendiendo con otros seres humanos. Bienvenid@ a caminar con nosotr@s!

viernes, 10 de diciembre de 2010

La crianza en familias biculturales, desde las mujeres que viajan hacia dentro y hacia afuera

Durante tres sesiones, tuve la suerte de compartir tiempos de intimidad y confianza con otras mamás como yo, gracias a una iniciativa de Catrin Ramírez, psicóloga del Einhorn y asesora en temas de familia en las escuelas bilingües de Berlín.

Haciendo un recuento de los aportes de Marcerla Legarde, asocio el valor de sus llamados "espacios de enculturación" con lo acontecido anteriormente. Estos espacios en los que las mujeres aprendemos unas de las otras a partir de nuestra experiencia y conocimiento es lo que vemos, nos hace falta mucho más en contextos de migración. La iniciativa de Catrin ayudó a buscarnos un espacio en medio de la multitud de tareas para mirarnos un poquito hacia dentro y no tener temor de decirlo o a veces, decírnoslo por primera vez.

No es nunca posible registrar el total de los aprendizajes cuando las mujeres, seamos 2 ó 20, se encuentran y dejan hablar a su corazón. Me quedo con una frase de una de ellas: una madre joven y primeriza que además es companera de MaMis en Movimiento. Marietta, así se llama, nos hablaba de la migración como un viaje para entender mejor la vida y a nosotras mismas.

Efectivamente, si nos damos la oportunidad de analizar lo que nos pasa en realidades nuevas sin la "claridad" de la cotidianeidad del pasado, podremos ententender mejor el por qué de nuestras reacciones o sentimientos. Pasar por ellos en profundidad puede ayudar a separar aquéllo que nos afecta del entorno y lo que es solo una proyección de nuestros malestares, producto de otras circunstancias. A veces, éstas vienen juntas pero aun así es bueno someterse a la duda y no descargar lo negativo solo en lo externo. El problema de ello es que no solo puede ser forma de evadir la responsabilidad personal sino que, al mismo tiempo, al no tener nada que ver con nosotras mismas, no será posible pensar que podemos cambiar algo... un verbo que salió al final de nuestro encuentro fue Házlo! Esto solo sería posible si somos capaces de identificar aquéllo que nos hace fuertes y seguras; ese algo que nos motiva a salir del descontento y cambiar. Por supuesto, este proceso no es inmediato y único. Cada momento depende de un sinnúmero de otros momentos en los que también hay llanto y dolor y, muchas veces, son éstos los que pueden fortalecernos y ayudarnos a valorar más y mejor las oportunidades que vienen y vendrán.

El cierre del taller lejos de centrarse en lo negativo, nos dejó pensando en los valores de la cultura alemana que quiero mantener en la educación de nuestros hijos y en aquellos otros que sumados a lo anterior también queremos transmitir. Salieron ideas muy simpáticas que nos sirvieron de aliento para salir al frío invierno berlinés. Yo comparto mis reflexiones, siempre inacabadas porque la educación de los hijos nos expone siempre a cambios y hasta a un camino de incertidumbres.
De la cultura alemana (diría de las tendencias):

- la autonomía y la independencia
- la relación libre que tienen con su cuerpo
- la organización del tiempo en función a resultados
- la planificación a largo plazo
- la confianza social
- tener palabra y pensar antes de responder para no caer en la tentación de mentir sin querer

Otros valores:

- Aprender a vivir en la incertidumbre para no perder la espontaneidad
- Convivir con el "ruido" respetando a los demás
- Bailar, bailar y bailar en las fiestas
- Saber pedir ayuda. No se puede hacer todo en soledad
- Saber cuidar las formas para decir la verdad sin ofender a las personas, pero no perder la honestidad.

3 comentarios:

  1. Si, fue una muy buena oportunidad para expresar, escuchar, compratir, comparar y al final salir enriquecidas.
    Gracias Marita, por explicitarlo para nuestras memorias de Mamis migrantes.
    Un saludo,
    Marietta.

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  2. Hola Marita, buen resumen de lo compartido los tres dias de taller. Creo que el viaje al interior uno lo puede hacer sin necesidad de "mover" el cuerpo. Pero también estoy de acuerdo en que la migración nos da el espacio para viajar a nuestro interior. Más que un viaje al interior yo lo veo como un viaje al silencio, es decir, a aquel espacio infinito que somos cada una y que sólo lo conoce cuando no hay "ruido" (cotidianeidad, conocido, familiar) en el exterior. Cuando una va por la calle y todo le es ajeno, nada le resuena, es cuando entra en ese silencio infinito... y es donde se encuentra. Así es como lo viví.
    Un abrazo,
    Cecilia

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  3. qué difícil es a veces convivir con el silencio pero qué reconfortante es aprender a asumirlo para ver mejor lo que tenemos delante.

    Gracias a todas y, especialmente, a quienes se atreven a encontrar la fuerza en sí mismas.

    Un beso

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Le Petit Prince

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buscando a mama??