El mes de enero empezó con un mareo muy fuerte, parecido al que tuve cuando me accidentė el 2024. Lo precedía una noticia, que aunque se veia venir, igual me golpeó más de lo que esperaba: la muerte de mi hermana menor. Ella quien por mucho tiempo me vio como su madre hasta que decidi dejar la casa materna, se había ido. Ese distanciamiento cobró varias pėrdidas, por varias décadas, pero los buenos tiempos de cada una a nuestra manera, nunca rompió la mutua admiración que nos teníamos. Para mí, ella representaba el arte de la palabra con su vida y su obra.
El mes de febrero luego de la pausa de invierno la dediquė a ESTAR en el Perú. Viajé, reconectė y disfrutė cada minuto y cada persona que vi y reconocí. Me dediquė a las antiguas amistades más que a crear nuevos lazos. Y la reconexión fue en primer lugar conmigo. Viajaba sola y por varias semanas, para acompañar a mi familia cercana y averiguar qué nuevo debía aprender. Me di cuenta que nunca me fui. El cariño se respiraba en cada esquina. Fue lindo sentirlo.
También hubo un regreso consciente a mis raíces. Ese proceso de reconexión abrió preguntas necesarias sobre lo que debía aprender en esta etapa de mi vida y me permitió trabajar desde otro ritmo, creando junto a otras personas contenidos colectivos justo en el mes de la lengua materna.El retorno a la rutina trajo contrastes. Mientras crecían el reconocimiento y la legitimación de mi trabajo en redes y alianzas, se hizo evidente un desgaste profundo en ciertos contextos laborales. Sostuve procesos en condiciones difíciles, defendí el valor del trabajo realizado y alcé la voz cuando fue necesario. No dejé nada para después. El saberte escuchar, o intentarlo es un proceso que no se compara a ninguna recompensa. Y cuando ocurre, es imparable y sanador.Hubo pausas imprescindibles, viajes vividos con intensidad, reencuentros largamente postergados y momentos de cansancio que convivieron con una gratitud profunda. El cuerpo pidió atención y aprender a escucharlo se volvió parte central del aprendizaje. Cuando respondieron positivamente a mi solicitud de rehabilitación - un año después-, acepté. El mes de octubre fue para esa pausa consciente, y la viví como una manifestación de nueva salud.
Hacia el final de 2025, llegó una claridad ineludible: no todo lo que se ha construido debe sostenerse a cualquier precio.. Después de muchos años dirigiendo un proyecto significativo, decidí no continuar en un marco que restringía mi autonomía y creatividad. Elegí coherencia, tranquilidad y autorrespeto. Fue una decisión profundamente honesta.
El balance que queda es sencillo: cerrar ciclos también es una forma de cuidar la vida. Soltar no siempre es perder; a veces es la única manera de volver a escucharse. Este tiempo es especial, me encuentra camino a la sexta década de mi vida, en la que ciertas decisiones no siempre dejan anticipar consecuencias concretas, pero me siento bien. La certeza que tengo de y por mí misma es lo que me resulta suficiente.
So dicht an Erfahrungen und Überraschungen – in jeder Hinsicht. Gerade diese Vielfalt des Unerwarteten ließ mich es so intensiv erleben.
Sie verkörperte die Kunst des Wortes – in ihrem Leben wie in ihrem Werk. Es würde keine neuen Seiten mehr geben, die man lesen könnte, kein weiteres Staunen darüber, wie ihre Verse und Farben trotz der Krankheit unerschöpflich blieben. Ich verstand, dass Bindungen nicht immer an ständiger Nähe gemessen werden, sondern an dem, was selbst in der Abwesenheit Bestand hat.











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